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Una noche épica en el Rotili
02.05.2020

Una noche épica en el Rotili

Se cumplen siete años de uno de los triunfos más importantes de Lanús en su historia. El Granate derrotó 65-60 a Peñarol de Mar del Plata y logró el pasaje a la Final de la Liga Nacional de Básquet.

Imposible olvidar aquel escenario, un contexto maravilloso, con un desenlace brillante que perdura en las retinas. Los memoriosos continúan ponderando esa jornada como única, espléndida, por el entorno, la emotividad, la expectativa y la afluencia que abarrotó las gradas. 

Justo en una institución que construyó gloria infinidad de veces con la pelota naranja. Sin embargo, analizando los elementos de profesionalismo, divulgación, impacto, esa victoria se encumbra entre las gestas más pujantes. 

Un dos de mayo, de 2013, el lujoso Microestadio Antonio Rotili cobijó un pleito impresionante. Pero sobre todo, la horda de hinchas que explotaron, literalmente, las tribunas. Muchas horas antes del salto inicial, las aceras de la Avenida 9 de Julio se inundaron de almas, que pacientemente buscaron ingresar al recinto de una verdadera batalla. La convocatoria récord provocó que a más de sesenta minutos del inicio, las puertas de la Sede Principal tuvieron que clausurarse, para espantar a cientos y cientos que no hallaron un ticket, o un resquicio, para sumarse a la fiesta. 

En cuanto a la deportivo, el plato englobaba todos los condimentos para una fábula de ensueño. La serie de Semifinales de la Liga Nacional estaba empardada 2-2, después del abismo que sufrió el Granate al caer en el segundo punto en su casa, y la cercanía de asestar el golpe en el cuarto round en Mar del Plata. Había pasado de todo, ambos lograron recuperarse de situaciones límites y la paridad era el factor en común. 

Como si fuese poco, Peñarol ostentaba el título de único, y vigente, tricampeón de la competencia No conocía la derrota en una llave de eliminación directa hacia cuatro años. En su plantilla se encuadraban figuras enormes como Facundo Campazzo, Leo Gutiérrez, Martín Leiva y la conducción de Sergio Hernández, el mismísimo entrenador que consiguió el bronce en Beijing 2008. Por ejemplo, Campazzo y Leo estuvieron en la pelea por el bronce en Londres 2012. 

Por el lado del conjunto que dirigía Silvio Santander, el recorrido por la temporada fue de mucha calidad, peleó el número uno de la tabla, pero no le alcanzó y terminó segundo. En sus filas brillaban Nicolás Laprovittola (a la postre jugó la NBA), Adrián Boccia, Robert Battle, Leo Schattmann y principalmente un entramado colectivo muy aceitado. 

En definitiva, el desarrollo se presentó parejo, como era de esperarse, con los nervios como protagonistas, por la envergadura de lo que estaba en juego. Lanús dominó mayoritariamente el ritmo y el tablero, pero sufrió en demasía para atrapar el triunfo. Boccia sobresalió en el segundo tiempo para abastecer de puntos, así como Patricio Prato trajo soluciones. 

A poco más de un minuto para finalizar, Laprovittola cometió una falta muy dolorosa, que se tradujo en cuatro puntos para Peñarol, que se puso 61-60 abajo. El escalofrío corría por los torrentes sanguíneos. No obsante, Lanús aguantó los embates y lo cerró con dos libres de Prato. Así se desató un festejo interminable. 

El Granate tumbó al poderosísimo Peñarol de Sergio Hernández, que venía de ser tres veces seguidas el monarca de la Liga y que a la otra temporada conseguiría otro título más.

Las casi cuatro mil personas en el estadio se fundieron en una celebración con el plantel, hubo discursos de Santander y Laprovittola por los altoparlantes y muchas horas de abrazos y cantos. Una noche inolvidable.

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