Esta frase, cargada hoy de nostalgia, se representó en aquella nota con letras muy grandes que emocionó a todos los hinchas por igual, porque eran portadoras de un significado especial por su contenido conmovedor, que se impregnó en la memoria de los simpatizantes a través de los años.
En sintonía con este afamado texto, mi humilde homenaje parte de esta frase creada por “Villita”, que hoy la hago mía porque representan mis propios sentimientos, los cuales siguen intactos. Freddy era un deportista de elite, un distinto, pero además una gran persona. Fue y será un orgullo para nuestro club y para todos los seguidores de su historia. Tenía un estilo único y actitud ganadora. Sí, se convirtió en un ejemplo. A pesar de que formaba parte de ese equipo que no sumaba campeonatos (NdR del 59 al 68), emergió su figura como una persona capaz de acaparar todos los elogios, transformándose en un emblema.
Desde aquella época hasta la actualidad fui seguidor de sus hazañas llenas de gloria, revalorizadas a través del hincha. De igual modo quiero con mi relato marcar un camino para que todos recuerden a Murillas, por lo que constituyó y significará para el Granate. Por ello puedo afirmar y resaltar en mi calidad de hincha que será el representante absoluto del básquet de Lanús, porque con convicción y destreza vivió su pasión.
El destino y las circunstancias quisieron que fuese testigo, desde mi lugar de espectador, de las proezas de Freddy para convertirme en el cuidador de su imagen como insignia. Un privilegio insospechado, el cual tomo como un regalo que la vida me obsequió. Sin dudas, tu accionar quedará grabado en mi mente y en mis retinas, desde que tuve la suerte de verte, conocerte y aplaudirte, cuando era un purrete de doce años. A partir de entonces, tus experiencias podrían ilustrar aún más este homenaje, pero habría que dejarlo para un futuro escrito, porque no me alcanzaría solo una página de un libro para contar tus hazañas.
Mis palabras son un resumen de su carrera. Vistió nuestros colores y dejó al club en lo más alto por su condición de deportista formidable. Esta es una realidad que con el paso de los años será imborrable. El 30 de enero de 2017 quedará marcado como símbolo de una historia rica, la de un ídolo incomparable que nos abandonó físicamente, pero su presencia afectiva prenderá en nuestros corazones para siempre.
Cada vez que veamos a una pelota en juego, nuestros equipos pondrán traerte como paradigma por todo lo que diste como formador de talentos. Hoy, con una combinación de tristeza y alegría, me refugio en el hecho que pude expresarle mis sentimientos en persona. Muchas veces le pronuncié mi admiración. Concluyo mi relato sobre alguien a quien admiré y recordaré eternamente, desde aquel primer día, cuando solo era un chiquitín que descubrió a su ídolo. ¡Chau, Freddy! ¡Ya volveremos a hablar sobre básquet y acerca de la vida!
(Jorge Vallet)



